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Morfemas

Y un siglo después...

Por Morfo

Poco antes de 1910 un reducido grupo de burócratas mexicanos y extranjeros enquistados en las posiciones de poder, creadas por ellos mismos en base al hambre y a la injusticia como forma de sometimiento social, declaraban ufanos ante los medios extranjeros, sus favoritos, que la democracia había alcanzado por fin a México y que el país estaba listo para una transición pacífica. Poco después se desató un episodio sangriento más de la historia de nuestro país. Hoy que miramos con la ventaja que da la retrospectiva podemos ver que existen las mismas condiciones que llevaron a nuestros antepasados a la lucha fratricida. Hoy, como hace casi un siglo, seguimos viendo cómo el gobierno, no sólo permite sino que alienta el despojo de tierras en manos de capitales privados para construcción de dizque casas de interés social o supermercados. Seguimos presenciando una violación que parece sistemática de los derechos humanos a manos de los aparatos armados del gobierno. La prensa, en su gran mayoría, se somete al régimen para aclamarle hasta los más vergonzosos errores y enaltece los defectos de la oposición. La iglesia católica aplaude furibunda las decisiones más aberrantes del gobierno en turno y excomulga a cualquiera que se pronuncia en contra de las corruptelas y crímenes de los hombres de sotana.

Pero quizá la más evidente similitud entre aquellos años y estos que vivimos es la pobreza imparable que se disfraza de programas sociales, los cuales sólo en los dos últimos años de un sexenio se publican sus logros. La carencia de empleos y las malas condiciones de los actuales contradicen el alegre optimismo de los obesos secretarios.

Cuando los gobiernos se apropian de las causas sociales y se nombran defensores de las libertades vale más hacer de cuenta que dicen lo contrario para no sufrir ingenuas decepciones. Y es que afirmar, como lo hizo el nuevo secretario de gobernación, que la revolución se asemeja a la lucha contra el narcotráfico es más bien una tontería descomunal ya que el ejército de hoy es el mismo ejército federal que luchó contra el levantamiento revolucionario; este revisionismo histórico se compara al revisionismo de los neonazis al afirmar que no hubo holocausto judío. Este cinismo oficial ahonda aún más la cisma social y la nula identificación de los gobernados por los gobernantes. Este gobierno de facto ya no tiene más motivación de actuar ni de fingir más, es evidente que la privatización de Pemex era la única consigna original que motivó el fraude electoral de 2006, lo penoso del asunto es que aún debemos soportar cuatro años más de un gobierno que sólo administra los problemas en vez de solucionarlos. Ignoro qué tanto grado de tabú exista en el país hablar de revolución y de la deposición de un gobierno ineficiente, pareciera que es más inmoral hablar de una revolución social que de la miseria de millones de mexicanos.

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